La energía femenina que aviva el Círculo de Luna

La energía femenina que aviva el Círculo de Luna

Por Nini Joana Morales Cardona

 

En el Suroeste del departamento de Antioquia, en el municipio de Titiribí a 1550 m.s.n.m se gesta un espacio pensado para mujeres, el cual es reconocido como Círculo de luna, el nombre está relacionado con la periodicidad con la que se desarrollan los encuentros: cada luna llena. Mariana Ocampo, líder del grupo comenta: “Yo les decía: cuando miren el cielo y vean la luna llena, llenita, recuerden que en mi casa hay un lugar para estar, para conversar y aprender”.
Antes de darle vida al círculo de mujeres, Mariana realizó una lectura del entorno de Titiribí, encontró que es un lugar donde la cultura patriarcal aún es dominante y donde son nulos los espacios para el género femenino; de igual modo constató que el municipio por su antigüedad, posee unos conocimientos ancestrales que por necesidad no se pueden dejar perder.

 

Un poco de Mariana y su papel en el Círculo de luna 

Mariana Ocampo, llegó al mundo en 1994. Es oriunda del municipio de Jardín. Su afinidad con las comunidades y el bienestar de ellas la llevaron a estudiar Trabajo Social en la Universidad de Antioquia. Hace un par de años llegó a Titiribí buscando horizontes diferentes.
Gran parte de su vida se ha preocupado por los procesos comunitarios que, de alguna manera, influyen o transforman los modos de vida. Dice ella: “yo necesitaba una manada, no me concibo sin un grupo. Cuando llegué al municipio no tenía amigos, familiares ni una organización que me acogiera y siempre he sido muy comunitaria, muy de lo social, muy de hacer cosas en colectivo. Vi la necesidad de emprender un grupo donde compartir, donde aprender y emprender cosas con toda esta energía femenina que nos habita. En primer lugar fue una necesidad propia que estaba acompañada del contexto”.
En el Círculo de luna las mujeres son orientadas sobre diferentes temas, acompañadas en su mayoría por un profesional o un conocedor. Como moderadora del grupo es la encargada de gestionar o contactar con quienes llegan a educar. Aunque no manejan una agenda sobre lo que se va a tratar en cada encuentro, esta decisión es mediada por lo que se analiza en el grupo y por lo que los cuerpos y las almas manifiestan; hay un foco claro y es la salud femenina en toda su integridad: física, psicológica, emocional y espiritual.

En los encuentros han abordado el tema de la siembra pues, en su mayoría, las mujeres del círculo tienen huerta, (las de la zona rural y urbana). A inicios de este año se realizó un taller, donde la invitada fue una mujer chilena experta en plantas medicinales y su relación con el cuerpo femenino.

 

Así mismo el psicólogo del pueblo, que asiste a los círculos con su esposa y su hija de cinco años, en una ocasión dictó un taller que estuvo relacionado con los estereotipos de género. Un encuentro que entró rompiendo con lo que se tenía muy naturalizado desde la misma sociedad, fue muy productivo para las mujeres conocer la otra cara del asunto.

De igual modo el esposo de Mariana, que es médico, hizo parte del círculo; abordó las enfermedades más recurrentes en el cuerpo femenino el por qué se dan y el cómo tratarlas. El profesional de danza moderna de Titiribí, también se vinculó: dictó un taller donde el objetivo fue conectar el alma con el cuerpo y con el movimiento, generar confianza y reconocimiento. 

La labor de Mariana como trabajadora social atraviesa en todos los sentidos el Círculo de  luna, pero también su ser de mujer, de madre y de ser social. Los conocimientos académicos le han ayudado al manejo del grupo, a implementar metodologías lúdicas, reflexivas y experienciales. Todo esto ha facilitado el acercamiento a las fibras más sensibles de las mujeres, poner conceptos teóricos al alcance y comprensión de las mismas.

Para ella el servir a la comunidad no lo ve como una obligación, dice que eso se encuentra en la voluntad, el deseo el conocimiento y la intuición de mujer, que es bonita y valiosa esa energía que grita libertad. El lugar de encuentro del Círculo de luna es el hogar de Mariana, allí sin ningún costo les ofrece conocimiento, reconocimiento y un espacio para mujeres, acompañado, como menciona ella, “de aguapanelita con menta o yerbabuena, algo para endulzar el paladar”.

Finalmente esta chica manifiesta que el voluntariado continúa: “desde que a nosotras desde muy adentro nos mueva el tema y la pasión, el camino sigue. Yo no me limito a tener un contrato o una remuneración. Siento que es como una misión que asumo desde intereses propios y personales y con mi ser mujer”.

Otros espacios para ser 

La historia de esta mujer aviva la llama de la resistencia y el empoderamiento de las mujeres por: sus derechos, su cuerpo, sus significados, la relación con el entorno y con la sociedad. Donde hay un reconocimiento del ser en relación de lo que nos rodea, en este sentido se respeta, se cree y crea.

La historia de Mariana, es ejemplo de que no todas las personas esperan retribuciones económicas por las labores que realizan, algunas esperan que las acciones colectivas tenga impacto en la sociedad; esperan por lo menos, ver un cambio, así sea pequeño. De igual modo, permite visualizar que en varios municipios del departamento se gestan diversos espacios para las mujeres, que si bien no están registrados oficialmente en algún proyecto, entidad o asociación son legitimados por quienes hacen parte de ellos. 

Los espacios que son habitados por las mujeres van generando unas transformaciones en la sociedad, porque desde lo visual se da un impacto, al igual que desde la reflexión que surge al ver un grupo de mujeres hablando sobre género y bienestar para las mismas. Esto incentiva que otras se unan o se cuestionen acerca de. Hay que ser conscientes que el cambio se está dando, y que, aunque va a pasos pequeños es firme y fuerte.