Bandera de Cuba

La Paz no se firmó en la Habana

La Paz no se firmó en la Habana

Por Valentina Cadavid Gaviria

 

En la Habana se negociaron unos acuerdos que buscan la terminación de un conflicto armado, no se firmó la Paz.

 

¿Quién dijo que la Paz se firma o se negocia? ¿Cómo se puede hablar de Paz en un país con grupos armados al margen de la ley que se sustentan en el narcotráfico? ¿Cómo se firma la Paz sólo firmando unos acuerdos de terminación de un conflicto, siendo Colombia el cuarto país más inequitativo del mundo? Siento decirles que no firmamos la paz, simplemente porque la paz no se firma, la paz se construye.

Si queremos encontrar una salida negociada a la dejación de las armas de las FARC, tendremos que aceptar otras formas no contempladas en la historia de la guerra; aceptar que los hechos guerristas de más de 50 años no han podido acabar con el conflicto armado de nuestro bello país, así que está más que comprobado que no podemos seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.

Ni en Colombia, ni en cualquier otra parte del mundo ha sido pensable, un proceso de negociación en el cual se sancionen drásticamente a grupos armados ilegales y se castiguen ejemplarmente con la justicia tradicional. Esto resulta ingenuo e improbable ya que no se ha visto que un grupo armado al margen de la ley esté dispuesto a dejar su lucha sin incentivos; además no creo esto suficiente para convencer a una sociedad de construir la paz, al menos no en un contexto de negociación y transición.  

En la historia de otros conflictos, la justicia transicional ha sido el mecanismo que permite el equilibrio entre castigo, verdad, justicia, restauración y no impunidad. Según el ICTJ (International Center for Transitional Justice) la justicia transicional son las medidas judiciales y políticas que se emplean para garantizar la reparación por las violaciones masivas de derechos humanos a las víctimas; entre éstas figuran las acciones penales, las comisiones de la verdad, los programas de reparación y diversas reformas institucionales, contemplando transformaciones radicales de orden social y político.

En el caso colombiano, este ha sido el quinto punto tratado en los acuerdos, el cual incluye cuestiones como una pena mínima de cinco años y una máxima de ocho, que sería pagada en cárceles y/o colonias penales agrícolas, diferenciando entre grandes cabecillas y soldados rasos; y diferenciando crímenes políticos, asociados directamente a la rebelión, y crímenes graves de lesa humanidad. Esto podría darse siempre y cuando reconozcan sus faltas y se comprometan a resarcirlas, donde sus casos se llevarían a cabo en tribunales especializados de justicia encargados de investigar, juzgar y sancionar, lo que no es sinónimo de impunidad, esto se llama Justicia Transicional. 

El reto de la Justicia Transicional en nuestro país es lograr que tanto el Estado como las FARC reconozcan su responsabilidad en hechos violentos y delitos de lesa humanidad, y deberán acordar la manera en que se va a reparar a las víctimas y a decirles la verdad, pues tanto el Estado como las FARC han ocupado el lugar de victimario, y ambos requieren ser perdonados.

En escenarios de víctimas, cuando se habla de perdón, aparece la verdad como componente fundamental para tramitar el dolor, para realizar procesos de duelo ¿Cuál es la verdad que resulta  satisfactoria en cada sujeto víctima del conflicto armado? Debemos entender que resultará indispensable realizar análisis desde cada territorio, discutir ese acuerdo cinco de la habana, en el tema de reparación, para hacer lecturas conjuntas, interrelacionando los procesos sociales y los fenómenos culturales que se viven en un espacio determinado, con los imaginarios que se construyen en dicho lugar y la significación individual de los sujetos que lo habitan.

Las víctimas, que han viajaron a La Habana, han expresado su deseo y prioridad de saber la verdad, de ser reparadas, y sobre todo de estar tranquilas de que este proceso permitirá la no repetición, y han hablado de ser capaces de sacrificar preceptos en materia de justicia, sin que esto implique impunidad. Son las víctimas la razón y corazón del proceso, y quisiera enfatizar desde ellas la línea de verdad,  perdón y reconciliación, ya que considero que son los grandes retos que como sociedad tenemos. Esto significa lograr entender de qué hablamos cuando hablamos de perdón y reconciliación, porque lo que se percibe es que están más dispuestas a perdonar las mismas víctimas que el ciudadano que no le ha pasado “nada”, al menos no directamente en el marco del conflicto.

En la Universidad Javeriana, se llevó a cabo una investigación sobre perdón, con una muestra de la ciudad de Bogotá, de todos los estratos, en la cual se evidenció que “no estamos listos para perdonar […] perdonamos más a los grupos paramilitares que a otros grupos armados, incluso al propio ejército, […] estamos dispuestos a perdonar si hay acciones de arrepentimiento, reparación además de un compromiso con la no repetición, y en cuarto lugar que será más difícil perdonar el homicidio, las violaciones y el secuestro, que otras ofensas”. (López, Mullet, Pineda, Perilla & Murcia 2011-2012)

Esto obliga a investigar qué se está percibiendo en temas como perdón, verdad y reconciliación tanto en las víctimas como en la sociedad, y sobre todo investigar para poder intervenir asertivamente con estrategias psicosociales, pedagógicas, culturales y mediáticas orientadas a disminuir el resentimiento e instaurar prácticas pacíficas de afrontar los conflictos. 

Hay que aceptar que nadie tiene la verdad, y que lo que estamos intentando hacer es construirla conjuntamente: Estado, víctimas, victimarios y sociedad. En esta construcción, invito a todos, especialmente a las y los jóvenes, ya que en este momento histórico somos la mayoría de la población, a que leamos más e investiguemos más desde cada disciplina, desde lo que hacemos como ciudadanos y como profesionales; que seamos responsables de lo que publicamos en redes, y los invito con todo el alma porque estoy convencida que podemos ser la generación que decida cómo construir un país a largo plazo, porque tomar la vía de la resignación, como ya han hecho muchos, es un suicidio cotidiano de la sociedad que va en contravía de construir el país que merecemos.