Ser hoy madre de una niña

Ser hoy madre de una niña

Por Paula Pulgarín

 

Lo denomino de esta manera porque es indudable y completamente diferente el mundo al cual nos enfrentamos, por lo menos comparativamente, al de hace 10, 20 o 30 años, y más aquel para el cual estamos criando nuestras hijas e hijos. Ser madre de una niña es un tanto más difícil, y digo así porque nos enseñaron a vivir en un mundo donde las mujeres por nuestra condición de ser las dadoras de vida, venimos con un código de vulnerabilidad superior a la de los hombres, camino que poco a poco vamos recorriendo, desaprendiendo y transformando, porque la sensibilidad con la que vemos el mundo no debe seguir siendo concebida como una debilidad, sino como aquella forma bonita y resignificante de querer un ambiente más apacible y fomentar un futuro mejor para nuestra niñez.

Es la más hermosa misión que decidí asumir en mi existencia. Desde el momento en que supe que estaba embarazada, comencé a formarme un montón de escenarios posibles y unos un poco más imaginarios en los cuales quiero que habite mi hija, sí, mi hija, porque siempre se lo pedí así al universo, que fuera una niña mi primogénita y poder tener una compañera de vida a la cual enseñarle lo que a mí me ha servido para cumplir mis metas y objetivos y también demostrarle aquello que no ha sido tan bueno pero que sin restarle importancia, me ha brindado los más altos aprendizajes en lo que llevo de vida. 

Aún recuerdo el día en que me dirigí al centro médico a realizarme la ecografía en la cual sabría el sexo de ese bebé que estaba conectado desde adentro de mi ser con mi corazón, con mi cuerpo, con mi vida entera, y acompañada del padre, esperábamos esa gran noticia. Ingresamos a la sala y la actitud de la ginególoga no nos emocionaba mucho ni nos daba la certeza con el sexo de ese bebé tan esperado, pues en medio de su actitud tosca y sin generar gran sorpresa nos dijo - es una niña -, a lo cual ambos preguntamos -¿segura? - y ella ya había retirado de mí su transductor (aparato con que realizan las ecografías), dejando un sin sabor de pensar que lo que para ella era simplemente una rutina para nosotros, era la ratificación de querer tener muy pronto en nuestras manos a nuestra gran bendición, Maria Antonia. 

Me llené de millones de sentimientos, una emoción indescriptible inundaba mis pensamientos en aquel momento y recuerdo como si fuera ayer, las primeras palabras que mencionó su papá al saber que era niña -Tenemos que empezar a ahorrar desde ya para los 15 -, a lo que sonreí e inmediatamente la imaginé hermosa como toda una princesa, y es que para mí no es malo que sea princesa, que cultive su feminidad, y que todo ese ser esté acompañado de valentía, tenacidad, fortaleza, determinación y autonomía, que sea dueña de sus decisiones y que elija vivir en un mundo sin estereotipos, sin estigmas o que si a ella le gusta más el amarillo que el rosado, no le reste importancia a su condición de ser mujer.  

Retomo el tema de tener la gran responsabilidad de criar hoy en día a una niña, y aunque no quiera que suene a temor, no deja de angustiarme el hecho de la sociedad tan incoherente, abrumadora e impredecible que habitamos, es sin duda uno de los miedos más grandes, saber que aunque como madre trabaje y pretenda formar en los mejores valores a mi hija, en que sea segura de sí misma, tenaz y empoderada, no se puede desestimar la realidad, esa que genera una gran desprotección y vulnerabilidad a todas nuestras niñas y niños en los que no cabe un mal pensamiento, una mala intención, un acto de irrupción contra sus iguales, que apenas están empezando a descubrir la vida, en quienes su inocencia se convierte en el timón de sus acciones y están lejos de imaginar las atrocidades que contra ellas y ellos puedan cometerse. Y como es recurrente mencionarse quien lo vive es quien lo ¨sufre¨hasta nuestros refranes empiezan a trocarse porque ya ¨gozarse¨la vida con tranquilidad comienza a complicarse. Tengo la fe y confianza absoluta puesta en Dios, de proteger todos y cada uno de los pasos de mi motor de vida y quien se convirtió en mi más grande maestra, porque con ella conocí realmente el significado de los términos amor infinito, paciencia, seguridad, tranquilidad y orgullo. 

Yo he empezado a quedarme sin palabras al tratar de definir la alegría tan inmensa y los sentimientos tan inmensos que ha despertado mi niña en mí, y es que es un ser supremo que llegó a agregarle más tonos a la paleta de colores que pintan mi día a día, ella se ha convertido en mi más grande recompensa a todos los deseos de complacencia que pude haberle pedido al cielo, haciendo bailar mi alma desde que escuché por primera vez latir su corazón hasta el día de hoy que llevamos un poco más de 41 meses compartiendo nuestras existencias, conviertiéndonos en nuestro mejor complemento y para quien solo decreto una condición de vida y es que todo lo que haga, decida y acoja su vida la hagan FELIZ, porque ella para mí es y será por siempre y para siempre #MariaAntoniaMiFelicidad. 

 

 

Paula Andrea Pulgarín Hernández. 
Publicista de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia.