Vos, yo y todas nosotras

Vos, yo y todas nosotras

Por Valentidad Cadavid Gaviria

 

Me senté al terminar el día, después de algunas reuniones e informes a escribir, a publicar el primer artículo para el Blog de la Secretaría, para el blog de nosotras las mujeres.

Pensé en desempolvar artículos y escritos sobre las mujeres y la construcción de paz, lo que es mi pasión y labor en la Secretaría, o tal vez sobre formulación y gestión de proyectos, lo otro que hago en mi trabajo, pero me dije a mi misma: ¡no seas aburrida!, empieza por algo más simple, más sublime, más de bienvenida, empieza hablando de ti y de aquello que es tuyo y que es común en cualquier lectora, en cualquier mujer que decida leerte, empieza por las vivencias de eso de ser mujer, eso que compartimos tu y yo, eso que compartimos todas y desempolva escritos tuyos íntimos, del alma, de noches donde eres tú, tu única compañía.

Me senté conmigo de compañía, mi perro de testigo y las letras que aparecieron para servir de presencia, invitando a que las escribiera en la oscuridad de la noche, en mi hora favorita del día, para llegar a ustedes, para servir de espejo o llegar un tris al alma de alguna, por eso decidí escribir dedicada a mirarme como mujer en un blog para mujeres.

Llegué hace dos años a trabajar en la Secretaría de las Mujeres creyéndome una super mujer que hacía valer mis derechos, empoderada, capaz, super feminista. Repetí en varias regiones de Antioquia como un cliché eso que llamamos empoderamiento femenino, y hoy quiero confesarles que yo creía sentirme así hasta que me di cuenta que no era cierto. En esa vaina del “empoderamiento” cabe todo y uno termina creyendo en nada, estaba llevada con mis múltiples máscaras y así, sin darme cuenta reaccioné y me dije a mi misma, o cambias o dejas de hablarle a las Mujeres de Antioquia de algo que ni aplicas en tu vida. 

Confieso que medio empecé a sentir eso de ser una “ Mujer Empoderada”, así la imagen todo el tiempo dijera que yo lo era mucho, cuando decidí ser feliz realmente, con el estómago y con los poros, cuando empecé a creerme el cuento que tanto me repitió la campaña, ese título de mis lapiceros, agendas y carpetas que dicen “Yo Decidí Ser Feliz”, pero sobre todo, lo viví cuando entendí que eso de ser feliz entraba en mi alma y en mi mente, con el sólo hecho de volver realidad una simple palabra: MERECER. 

Cuando entendí que decidir ser feliz era decidir merecer, empecé a amar todo incluyendo aquello que está implícito en eso de haber nacido siendo mujer, con sus bellezas y desastres impuestos, ridículos. Entendí que para “empoderarme” solo tenía que hacer realidad esa palabra, que a mi modo de ver es simple, significa: Llenarse de Poder, y cuando menos lo pensé estaba separada, viajando a otro país conmigo sola de compañía, con una mascota que nadie me dejó antes tener y llena de vida, de viajes internos y externos, reales y simbólicos y llena de PODER.

Entendí que ser merecedora de todo es ser feliz por todo. Entendí que ya no necesitaba experiencias buenas, sino que merecía experiencias extraordinarias, esas que lo ponen a uno a temblar, que lo desencajan, que le pintan sonrisas con sus recuerdos, que no es necesario conformase en ningún ámbito de la vida, que me merecía todo y podía ir por todo. 

Decidir merecer, es decidir elegir con quien salir y con quien no, en que momento hacerlo, a que planes ir y a cuales no, a quien besar y a quien no, con quien compartir la casa y con quien no, a quien invitar a entrar, con quien ser una “dama” y con quién ser “un machito”, que regalos aceptar, a que trabajos decir si y a cuales decir no, a que amistades decir si y a cuales decir no, a que creencias decir no más y cuales instaurar nuevas, a que desobedecer, a que renunciar, porque si, porque me lo merezco, porque nos lo merecemos y punto. 

Ser mujer empoderada resultó para mi ser feliz y merecedora, nada de lo que creía antes, resultó siendo sentirme plena y tranquila diciendo lo que sea, cuando sea y como sea, sin importarme eso de cuidar ciertas palabras o conductas por “ser mujer”.
He aprendido muchísimas cosas estos años en las Secretaría, y lo he aprendido de cada mujer de Antioquia, nada de libros o teorías. Los aprendizajes más grandes que me han regalado tantas palabras y miradas de las mujeres los resumo en: seguridad real, amor propio, confianza en lo divino y soltar para abrir espacio a lo nuevo. Abrazar la incertidumbre cuando tomamos decisiones difíciles que hemos pospuesto porque nos obligaron a pensar diferente y a cohibirnos de decidir por ser mujeres complacientes, por eso hoy les digo: abracen esa incertidumbre para llegar a la sorpresa y al disfrute de la vida misma, con más CONFIANZA en lo grandioso de la intuición que nos regalaron al nacer por el hecho de ser mujeres; los actos, las decisiones y los destinos están escritos en nuestras almas. Déjense llenar de miedo a lo desconocido, para que en ese miedo se descubran, conozcan y se autoconquisten, porque en ese miedo a lo desconocido, es donde encontramos la luz que nos alumbra, el camino hace brillar el destino de nosotras y por reflejo el de los demás.

Así qué a todas las mujeres que nos leen y nos visitan en esta página, sólo puedo decirles: sean felices y decidan Merecer, sean empoderadas (llenas de poder). Nos merecemos todo, porque si, porque se nos fue dado desde siempre y porque no hay nadie más merecedor de amor que nosotras las mujeres.