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Una betaneña aferrada a las raíces y los sueños

Al terminar de enseñarle al joven cómo realizar un procedimiento en el computador me guía hacia el patio. Un espacio amplio con bancas, árboles, mesas,  cada una rodeada por cuatro sillas. Gran parte del lugar está sombreado gracias a las sombrillas en las mesas. Está rodeado por muros de colores diferentes, el que está frente a la entrada es amarillo y de él cuelgan dos macetas con flores. Allí, Luisa organiza las sillas y me ofrece algo de tomar. A pesar de los 26 grados y el sol de mediodía, se toma un café caliente.

De pequeña soñaba ser presidenta,  comenta y sonríe con malicia, seguidamente recuerda que a pesar de ser muy pequeña sus padres se asustaban con aquellas palabras y trataban de disuadirla con otros sueños. Esfuerzos en vano, pues fueron ellos con sus acciones quienes se encargaron de impulsar esos anhelos.

Su padre, Orlando Betancur, artista, historiador, músico y político. Ayudó a fundar importantes instituciones en Betania, entre ellos el canal de televisión, el Centro de Historia, la Cooperativa de Transportadores y fue fundador del Festival de la música guasca. Su madre: Ángela María Restrepo, Psicóloga industrial, amante de la filosofía y las letras, y música. Ambos, personajes importantes de Betania, criaron a sus hijas, Luisa y Maria Antonia, entre el arte y los movimientos cívicos. En el fulgor de los debates y la cultura.

 

Luisa en el lanzamiento del libro Betania: historias, crónicas y cuentos. Biografía de tiempos difíciles, escrito por su padre. Cortesía: Luisa Fernanda Betancur.

 

Al crecer, Luisa soñaba con estudiar Ciencias políticas y cumplir el sueño que la había acompañado desde pequeña, sin embargo sus padres se oponían. Ellos han conocido lo difícil que es el mundo de la política, mucho más para una mujer en ese momento histórico y social. Lo mismo sucedió con su segunda elección: Derecho. Terminaron aceptando Comunicación social y Periodismo, quizá sin sospechar lo ligada que esta carrera está al poder y a las dinámicas electorales. Luisa sabía que el miedo y la oposición de sus padres estaban más que justificados.

Luisa y sus padres vivían en El Pedral, la finca donde creció por dos años acompañada de Lucas, su pastor alemán, y 5 amigos imaginarios. A los dos años llegó una nueva compañía, quien ha compartido con ella los múltiples viajes a los que la vida las ha llevado, Maria Antonia, su hermana. Dos años después, el auge de la violencia desplazó a la familia al casco urbano de Betania.

Luisa tenía siete años cuando fue de paseo a Medellín con su familia. El viaje transcurría con normalidad, hasta que su padre recibió una llamada en la que se les avisaba que el viaje se debía extender. No podían volver a Betania. Habían sido exiliados por los grupos armados ilegales.

Su hermana y ella comenzaron a estudiar en el Colegio Salazar y Herrera, y ahí inició una nueva vida en ese nuevo lugar grande y ruidoso. Cinco años después, cuenta Luisa y su voz se quiebra, su padre regresó al municipio a ver si podía recuperar algo de sus tierras, necesitaban recursos para poder vivir en Medellín, y fue secuestrado más de 100 días. Con mirada baja cuenta que para ayudar con el pago del rescate de su padre,  hacía manillas y collares para vender en el colegio y el barrio. Con la política de seguridad del gobierno de ese momento pudieron volver a Betania, pero sus padres saben lo difícil que es ser líder en esta sociedad.

 

Luisa, compartiendo con la comunidad, escuchando sus propuestas por  todo el territorio de Betania. Cortesía: Luisa Fernanda Betancur.

 

En Medellín, ella y su hermana entraron a la Red de Escuelas de Música y aprendieron a tocar el violoncello y el violín, respectivamente. En 2013, Luisa ganó el Concurso Mujer Joven Talento de Antioquia. Con ese reconocimiento comenzó su participación directa en el sector público.

A pesar de ser becada para narración oral y escénica, decidió darse una pausa y regresar al  municipio. Deseaba descansar y conectarse con sus raíces. Allí su vocación la llamó y cuando le ofrecieron un empleo como Directora de Comunicaciones de la Alcaldía de Betania, ella aceptó. Al ver que le asignaban nuevas personas para procesos que no las requerían entendió que eran “cuotas burocráticas”, como Luisa llama a la manera de pagar favores políticos, por ello renunció a su cargo. Para la joven betaneña, la política no se hace por amor al dinero, sino a las personas, pero “es necesario dejar la ingenuidad”, la realidad de la política es diferente en muchos casos. En su siguiente trabajo pudo ver de frente esta realidad.

Fue la Coordinadora de campaña del actual alcalde. Como este no tenía una lista clara al concejo, Luisa la encabezó y ganaron. Poco después de iniciar su gobierno, ella se enteró que algunas personas de la campaña habían tenido manejos ilegales de dinero. Estaba totalmente decepcionada. Desde ese momento se declaró líder de la oposición.

 

Luisa y su hermana Maria Antonia, acompañadas del equipo de trabajo, llevando música por Betania, para conmemorar  el día de la Madre. Cortesía: Luisa Fernanda Betancur.

Debido a los trabajos por la educación que realizó desde la administración municipal, conoció al Rector de la Institución Educativa Perla del Citará, Héctor Alonso Álvarez Vélez. En los procesos por la mejora de la educación en el municipio se conocieron profundamente y se enamoraron. Su amor fue más allá y pocos meses después se casaron. Una boda marcada por los rituales que planeó cuidadosamente Luisa. Deseaba que ese día fuera realmente especial y no una fiesta que costara mucho pero que no sintieran como propia. Quería que fuera una celebración que los conectara son sus raíces; por esto ella misma diseñó y tejió su vestido, y también le pidió a la madre de su prometido que realizara el pastel,  juntas lo decoraron.

Para su esposo, la vida ha estado llena de cambios desde que la conoció. Uno de los más bruscos fue el traslado que le ordenaron luego de que Luisa denunciara un acto de corrupción. “Lo que es el machismo –afirma Luisa con ironía– ellos creyeron que porque estaba recién casada y se llevaron a mi esposo, yo iba a abandonar el pueblo”. Cuando intentaron denunciar el traslado arbitrario, a su esposo lo trasladaron nuevamente, esta vez a Andes.

Con su esposo más cerca ya no debía hacer tanto esfuerzo viajando y su vida se hizo un poco más fácil. “Eso es lo más difícil, cuando se meten con la familia”, explica Luisa sobre el proceso de campaña, y en general de la política en el país. Para ella el trabajo ha sido “durísimo”, ya que “los gamonales son muy machistas”, pero la reconforta que los campesinos la apoyan. Muchos de ellos han afirmado que la apoyan a la alcaldía porque “los hombres han estado mucho tiempo y no han podido, vamos a ver si una mujer puede”.

 

Sin quererse alejar de su sueño, y buscando estar más preparada, Luisa entró a la Escuela de Entrenamiento Política pa’ Mujeres en el año 2016. Para ella, los aportes más valiosos de este proceso han sido la seguridad que otorga en sí misma y en su proyecto, y la educación emocional. Ser intachable en lo privado, es la base de una buena campaña y un buen gobierno, afirma con seguridad.

En la escuela reforzó el aprendizaje que “lo emocional no es solo de las mujeres”, y analiza esa enseñanza con la lupa de su municipio, allí, muchos de los gobernantes “no saben manejar la presión, no tienen inteligencia emocional, terminan divorciados o alcohólicos –narra mientras acaba su café– pero eso no es productivo ni para él ni para el pueblo”, concluye Luisa.

En su conocimiento de la política, ella sabe que un alcalde no puede hacer nada si no se rodea de gente con experiencia, innovación y amor por el municipio. Es por esto que Luisa abrió camino para sus aspirantes al concejo cuando consiguió que la Secretaría le permitiera su participación en el taller.

Su candidatura a la alcaldía no sorprendió a sus padres, quienes la apoyan incondicionalmente a pesar de sus miedos. Y tampoco cogió desprevenidos a los habitantes de Betania, quienes aumentaron su participación en la contienda electoral. como aspirantes al cargo de alcaldes. Son 4 hombres quienes disputan el cargo con la “palomita mensajera”, como la llaman en el pueblo, que nunca ha dejado de escalar en su sueño de infancia.

 

Mientras está sentada cómodamente en la silla gris, narra que ha disfrutado la felicidad la gratitud y la esperanza que ve en los rostros de las personas cuando escuchan sus propuestas y reconocen esa niña que alegremente acompañaba a sus padres en las actividades del municipio. Se queda un momento en silencio y se levanta, agarra el cristo que lleva colgado al cuello y con expresión de angustia afirma “yo también pienso ¿dónde defraude esta gente, qué? Es una responsabilidad muy grande”.

Ahora, Luisa, una mujer valiente, preparada y hermosa, continúa avanzando hacia su sueño de niña: primero concejala, luego alcaldesa y sonríe al proyectarse como diputada del departamento. A ese sueño se le suma el de tener hijos. Ideal que comparte con su pareja, porque ambos tienen muy claro que tener hijos no impide luchar por los sueños.