Mujeres en irremediable situación de creatividad

 

 

Autor: Juan Fernando Arenas Fotografía: Cristhian Agudelo, Óscar Garcés y Juan Fernando Arenas. Edición y montaje: Claudia Escobar

Mujeres en irremediable situación de creatividad

De cómo una apasionada por la moda entregó  a cientos de mujeres en situación de discapacidad y víctimas de discriminación un propósito para vivir, con su decisión de emprender una pasarela fuera de serie…  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La destreza de sus manos, un poco temblorosas, conjugada con la aguda mirada sobre el objetivo, se antoja un tanto sobrenatural. Una tras otra van ingresando, sin falla, los elementos que transformarán el incipiente hilo en una colorida pulsera que tendrá la forma de sus sueños.

Con el paso de los minutos ya son decenas. No hay descanso y pareciera no necesitarlo. Está feliz, muy feliz, y eso la alimenta a continuar, consciente que no hay vuelta atrás en la decisión de emprender una nueva vida. 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El nombre de la protagonista es Estefanía Gil, una joven artesana con síndrome de down, quien junto con tres compañeras en igual condición y sus madres fundaron este año 4 sin límites, una empresa de accesorios para el sector moda que parece prosperar, pues la visita del reportero coincide con el primer salario de las chicas.

Una idea de negocio, como suelen ser los emprendimientos, llevada a cabo con mucho esfuerzo y contra el reloj. Es poco el tiempo libre que tienen sus socias, quienes además de estudiar y trabajar, no renuncian a invertir a diario parte de su jornada en otros pasatiempos que fortalecen su espíritu: entrenamiento de natación competitiva y artes escénicas, es el caso de Ana Carolina Gómez Ospina, otra de las artesanas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algo asombroso, casi mágico dirían algunos. Nada excepcional, pero sí el resultado de mucha disciplina y empeño, prefieren decir las madres de estas cuatro mujeres, quienes repiten una y otra vez, con un cariño infinito, que lo único que piden a la sociedad es confiar en las capacidades de sus hijas, pues si bien tienen destrezas limitadas en algunos aspectos, han desarrollado una capacidad creativa excepcional, entre otras habilidades, con la maestría que seguro otros no lo harían ni con años de práctica. 

Basta con realizar un breve ejercicio. Pensar por un instante si usted sabe bailar, nadar, escribir fluidamente, hablar en público, cocinar… Solo algunas aptitudes sociales, aparentemente necesarias, pero que con seguridad muchos no realizamos, por lo menos, en su totalidad y con experiencia. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En síntesis, esa es la realidad de estas emprendedoras con síndrome de down, mujeres sin lugar a duda, que tienen un talento y una disciplina envidiables para la creación artística. Una habilidad transformada, más que en un empleo, en la oportunidad de ser autónomas. Y todo porque alguien decidió confiar en ellas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Moda para el ser

Es probable que el talento excepcional de las que ahora son 4 sin límites hubiera quedado reducido a un juego casero, de no haber sido por Cecilia Murillo o Chechi, como la llaman sus allegados o simplemente quienes tienen el gusto de conocerla, porque así prefiere ella que la llamen. Quizás cuestión de pragmatismo, quizás reflejo de su descomplicada personalidad. 

Una morena oriunda de Urabá, de sonrisa firme, un fluido hablar y un caminar seguro, que hace casi imperceptible, gracias a su confianza, evidenciar a primera vista la patología que le impidió desarrollar, cuando menos, la mitad de su pierna izquierda. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La misma mujer que fuera secretaria, hace ya una década, y que decidió por aquel entonces, durante su último día de contrato, agendar lo que a la postre sería la cita más importante de su vida: viajar a Medellín con el innegociable propósito de vivir de su arte, de la moda. Decisiones que llaman. 

 

Allí, tras haber conseguido demostrar su potencial en diferentes escenarios, fue objeto de lo que sabía que debería brindar por el resto de su vida: confianza. Recibió primero una beca de presupuesto participativo para estudiar comercio exterior y logística, y luego otra para cursar un diplomado que la certificaría como asesora de imagen y personal shopper en la Colegiatura de Antioquia.

 

El impulso y conocimiento necesarios para crear la Fundación Moda y Flores. Una vitrina de esperanza constituida con la intención de acompañar a otras mujeres en situación de discapacidad o víctimas de discriminación, para que mediante el emprendimiento lograran rehacer sus vidas. Moda entendida no como un canon o prototipo de élite, sino como  manifestación indiscutible y auténtica de la identidad de cada ser.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De acuerdo con el abogado, magíster en política social y autor del texto Discapacidad, género y entornos, Henry Vargas Ávila, “la mujer con discapacidad es expulsada reiterativa y sistemáticamente, atravesada por los diversos dispositivos de agresión y segregación, de los asuntos públicos, pero también y simultáneamente de los de la ‘normalidad’, de la ortodoxia discursiva, de la ortodoxia corporal, de la ortodoxia alienada y alucinante del mercado, la estética y el glamur”. De ahí el valor de la tarea de Chechi y los 60 voluntarios que integran hoy la Fundación.

 

A la fecha ya son algo más de 300 mujeres las que han sido acogidas por la asesoría, formación y oportunidades que ha tejido Moda y Flores. 300 vidas que han dotado de glamur su horizonte, gracias al apoyo de una mujer que decidió ser feliz ayudando a pensar que sí es posible crecer, en medio de nuestras diferencias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La cúspide llega cada año para Chechi y sus coequiperas con la realización de la pasarela Moda para el Ser. Un escenario creado para revelarse como un espacio incluyente, en donde participan modelos con y sin discapacidad y en donde se cuentan historias de vida de mujeres del día a día, “ya que la mayoría de los diseñadores no están diseñando para mujeres reales”, dice Cecilia.

 

Prueba de ello, durante el certamen 2018, fue la emotiva participación de las 4 Sin Límites, quienes estuvieron presentes en la pasarela, no solo con sus productos y diseños, sino también como modelos. 

 

Una noche anhelada tanto por ellas como por sus madres, cuidadoras valientes que ahora quieren dar a conocer su experiencia con el fin de que otras familias con mujeres en situación de discapacidad conozcan cómo fue que lograron transformar su realidad, la de sus hijas y, con cada entrega, la de quienes portan las prendas de estas chicas en irremediable situación de creatividad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado en Noviembre 2018