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Siguiendo sueños entretejidos

Siguiendo sueños entretejidos

Por: Sara Yarce

“Siempre he buscado cosas diferentes”, afirma Lucy mientras acaricia a una de sus 4 mascotas, una perrita negra, la más pequeña. La visito en el epicentro de sus emprendimientos, una casa campesina, amplia, con patio y solar. Mientras estamos sentadas en un costado del patio, llegan personas a la casa que entran con confianza, saludan y extienden una colcha bordada, luego la cuelgan al otro costado del lugar. Estamos rodeadas por cultivos de suculentas y plantas aromáticas, tacones y sandalias, collares, ropa… Todo hecho por ella y su grupo de mujeres emprendedoras.

 

Lucy, rodeada por sus proyectos de emprendimiento, que crecen rápidamente, y vinculan cada día más personas en ellos, principalmente madres cabeza de hogar.

 

Creció en Santa Rosa de Osos, con sus padres, 4 hermanos y 3 hermanas. Al convertirse en mayor de edad se despidió de todos, y buscando nuevos horizontes viajó a Medellín. En aquella ciudad debió trabajar para sobrevivir y al poco tiempo, con ayuda de un conocido comenzó a estudiar en el SENA. En el año 2000 se graduó de Genista Oral. En Medellín, aprendió lo difícil del trabajo y de una vida lejos de casa, pero también conoció muchas personas que la ayudaron, corroboró que era capaz de enfrentarse a cualquier reto, se enamoró y tuvo 2 hijas: Melissa y Vanesa.

Con el pasar de los años, Lucy se comenzó a sentir estancada, y tomó una decisión que no era nada fácil, pues necesitaba de un sueldo fijo para la manutención de sus hijas; pero sus sueños la llevaron a saltar al vacío y comenzar a hacer algo que la apasionara más: el trabajo social y el emprendimiento.

A partir de ese momento cambió su vida radicalmente, renunció al trabajo y comenzó a liderar diversos procesos en la ciudad. El primero fue un proyecto en el cual unió otra de sus pasiones: el baile. Con este proyecto buscaron trabajar la resiliencia en diferentes barrios, y gracias a la gran acogida de la comunidad llegaron hasta el Campamento Mundial de Baile en el año 2008, se coronaron como Campeones Mundiales de Tango. Gracias a eso pasó a ser la Presidenta de la Acción de Mujeres de la Vereda La Loma, del corregimiento San Cristóbal.  Ingresó también a la Escuela de Política Pública  y Constitucional de la Comuna 10, y aún continúa participando. Al igual que participó en la Escuela de Entrenamiento Política Pa’ Mujeres, de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia. Actualmente es candidata al Concejo de su municipio natal. Para ella la política es mucho más que la corrupción con la que se le relaciona, es un modo de lograr los cambios sociales por los que ha trabajado desde las comunidades.

Dentro de sus procesos de transformación social, ha trabajado con grupos de mujeres en la comuna 13, San Javier, creando productos de calzado. Luego de 28 años de vivir en Medellín, quiso volver a su tierra, y por el amor que le generan ambos lugares continuó con varios de los proyectos en paralelo.

 

Para la emprendedora santarrosana, los animales y el campo son de gran importancia. En la foto, está rodeada por tres de sus cuatro mascotas.

 

En Santa Rosa, Lucy comenzó El costurero con la ayuda de su madre quien le cedió una casa que estaba desocupada, que hasta el día de hoy se mantiene como sede. “Yo artesana no soy, pero soy la accionista principal”, comenta entre risas doña Berta Gómez, madre de Lucy, quien además afirma que a ella también le gusta acompañarlas mientras trabajan, y pasear con ellas cuando van a ferias. Las mujeres participantes del proyecto son en su mayoría madres, que dedican parte de su tiempo a fabricar pesebres y muñecos de navidad en diciembre, manteles, colchas, bolsos y ropa.

El costurero, con su crecimiento cambió de nombre, se transformó en  “Irina, hecho a mano”, debido a la ayuda de Inexmoda con su incentivo de creación de marca. Pero este no es el único proyecto que ha emprendido Lucy. Azur, empresa que se dedica a moldear el cuero; Diva Shir, bisutería; y Arará, agricultura urbana de hortalizas, plantas aromáticas y ornamentales, son otras posibilidades de emprendimiento que esta santarrosana ha visualizado y hecho realidad.

 

Collares, manillas y aretes tejidos a mano, son algunas de las creaciones de la marca Diva shir, uno de los emprendimientos liderados por Lucy.

 

Con el gran avance de estos proyectos comenzó a hacer parte de la Asociación de Artistas Santarrosanos, y posteriormente, al ver su gestión, la Federación Nacional de Artistas la invitó a ser parte. Gracias a esta organización han expuesto su trabajo en La Ceja, Cartagena, Medellín, Huila, Bogotá, Pereira, entre otros lugares colombianos. Lucy y sus compañeras llegaron a nivel internacional cuando su marca “Irina, hecho a mano”,  participó el pasado 4 de junio de 2019 en el Miami Fashion Week, ya que el diseñador Miguel Moyano solicitó unas de las prendas artesanales para su pasarela. Además, Irina, fue invitada a participar en el Festival Playa, realizado el República Dominicana durante el segundo semestre de este año.

 

Tejidos aprendidos por herencia se han convertido en innovadores productos creados por Lucy y su grupo de mujeres.

 

Para Lucy el tejido fue aprendido por herencia, al igual que para Olga, Rosa, Leonor, Gloria y las otras 20 personas que hacen parte de la empresa, fue enseñado por sus madres, abuelas o tatarabuelas. Aunque la curiosidad de esta emprendedora la ha llevado a aprender nuevas técnicas por medio del ensayo y el error. Mientras realizaba un curso de extensión en la Universidad de Antioquia vio como en otro salón realizaban sandalias en crochet, y a pesar de que no le gustaron tanto, encontró una oportunidad, y observando muy bien comenzó a ensayar. Cuando terminó su primer par, varias personas la admiraron y le preguntaban constantemente que dónde las podían conseguir, por lo que buscó a la docente del curso y la invitó al municipio a dar charlas para posteriormente lanzar su línea de calzado. Actualmente elaboran sandalias, zapatos cubiertos, tenis y tacones.

Además de las 4 marcas, Lucy y las emprendedoras y emprendedores que ella lidera están comenzando el proceso “Gallinas criollas, huevos criollos”, en el cual tienen 35 gallinas criollas ponedoras y 10 pollos de engorde, con el fin de generar ingresos ayudando a una alimentación más sana y consciente.

Lucy, además de emprendedora es madre cabeza de familia, sus dos hijas no solo comparten con ella la habilidad que posee como bailarina, sino también su capacidad de emprendimiento. Melissa, diseñadora gráfica, creó Terracota, empresa de publicidad. Y Vanesa, diseñadora de calzado y marroquinería, es la fundadora de la marca de ropa Casbahs Rock. Gracias a Vanesa, Lucy se enteró de la convocatoria que ofreció la Secretaría de las Mujeres de Antioquia a mujeres emprendedoras y decidió participar.  Para ella, los mayores beneficios de participar con la organización  han sido el acompañamiento y la socialización con otras emprendedoras, “poder compartir con otras mujeres emprendedoras es muy enriquecedor”, afirma Lucy, y además cuenta que desde el proceso con la Gobernación han tenido mayor asistencia a ferias.

La emprendedora santarrosana no está de acuerdo con aquellas personas que creen que el apoyo solo debe estar en lo económico, para ella “el conocimiento es algo que a uno no le pueden quitar y el proceso -que tiene la Secretaría- enseña desde abajo para sanear acciones que quedaron faltando y ver los avances en el emprendimiento”. Además del conocimiento, para ella influye en gran medida  qué tanto amor tengo por mi emprendimiento y qué tan insistente soy para sacarlo adelante. Debido a ese amor y esfuerzo por sus trabajos, la Secretaría le dio un incentivo económico el año pasado, con el cual pudo comprar una máquina de tejido plano y una cámara fotográfica para continuar impulsando sus emprendimientos.​

 

La casa que su madre les cedió se ha reacomodado para dar acogida a los múltiples productos que se han ido gestando en la creatividad de este grupo de mujeres, encabezado por Lucy.

 

 

-Mami, para dónde vas?

-Mijo, usted ya sabe, le responde Leonor a su hijo cada que sale de casa y se dirige a su otra casa-taller, donde trabaja con los emprendimientos.

Leonor es una de las 6 personas en la casa, además de Lucy y yo. Al preguntarles por lo positivo o negativo de emprender solo responden cosas positivas. “Hay muchas ideas que hay que aterrizar, pero esperamos que nos siga yendo muy bien”, afirma Leonor antes que las demás. “Así somos personas productivas, antes teníamos mucho tiempo disponible. Somos personas con ganas de aprender, el tema nos gusta”, continúa Rosa. “Hace falta salir de la casa”, narra Olga, quien vive en una vereda del municipio y como en múltiples ocasiones no encuentra transporte para salir a la zona urbana, camina dos horas para llegar a la casa-taller, “prefiero venirme caminando que quedarme en la casa”, concluye. Isabella es su hija, y no desperdicia oportunidad para acompañar a su madre. En la casa-taller está aprendiendo a tejer, le interesa mucho y es frustrante para la pequeña no ir tanto como quiere.​

 

     

Lucy y parte del grupo de mujeres que lidera. Ellas han trabajado juntas más de siete años para sacar adelante este sueño compartido.

 

Lucy usa una blusa café, sus zapatos son tejidos en crochet y luce el cabello rojo y corto. Luego de escuchar a sus compañeras afirma con orgullo que llevan más de 7 años trabajando juntas y no han peleado ni una sola vez. Porque su trabajo ayuda además a romper los estereotipos que dicen que las mujeres no trabajan juntas. De tanto orgullo y alegría que Lucy lleva consigo en sus proyectos aún nadie se atreve a decirle que va a fracasar y ella afirma con vehemencia que de sus emprendimientos vive tranquila y, como siempre lo ha sido:  feliz. Con muchos ensayos y errores, ella continúa impulsando más mujeres para que como ella sigan tejiéndole a la vida.​