Un mundo programado sin mujeres

Aunque las mujeres fueron las pioneras, hoy son minoría en las ciencias de la computación. El 52 % de las jóvenes colombianas no estudian carreras relacionadas con las tecnologías de la información porque las ven como “carreras para hombres". Según la Encuesta de acceso a las tecnologías de información y comunicación de MINTIC(2018).


Así como en la década de los setenta se enseñaba a leer con cartillas de Nacho en las que se deletreaba “mamá cuida al bebé” y “papá va a trabajar”, los publicistas vendían los computadores como juguetes para niños. En 1984, al menos en Estados Unidos, y comparando con cifras de la década del setenta, el número de mujeres que estudiaba informática empezó a disminuir más o menos al mismo tiempo que los computadores personales empezaron a aparecer en los hogares estadounidenses en cantidades significativas. Esto lo cuenta Joni Seager en El Atlas de las mujeres en el mundo (Grijalbo, 2018). Etiquetados como "juguetes para chicos", reflexiona Seager: “el hecho de tener acceso a estas máquinas y estar familiarizados con ellas daba a los niños y hombres una ventaja en las clases de programación de nivel inicial”.

 

Lo que algunos profesionales de la psicología, la neurociencia y la sociología explican es que los juguetes en la infancia, además de divertir a las niñas y niños, también les permite estimular habilidades, e incluso, reforzarse en estereotipos. La socióloga estadounidense Elisabeth Sweet analizó más de 7300 juguetes en los catálogos de Sears del siglo pasado. Encontró que los primeros anuncios de estos productos, basados en el género, promueven roles tradicionales: la "pequeña ama de casa", el "joven constructor". A finales del siglo, los roles eran más fantasiosos: el ama de casa, una princesa; el carpintero, un héroe de acción. Gracias al auge feminista, aclaró Sweet a la NatGeo en 2017, en los años setenta hubo una caída en los juguetes de género: solo 2 % de los juguetes en el catálogo de 1975 era para un género específico. Pero en los ochenta, las distinciones de género resurgieron en los bienes para niños, como la ropa. Los profesionales del marketing pudieron haber visto los ultrasonidos como una oportunidad cuando estuvo disponible, ya que los padres podían conocer el sexo de sus bebés antes de nacer.

 

Investigaciones como esa exploran cuán influenciables son los niños y las niñas ante la cultura popular. La científica cognitiva Sian Beilock, presidenta del Barnard College en la ciudad de New York, reflexionó al respecto en su columna “Cómo hacer atractiva a la ciencia para las niñas”: si las niñas creen que los científicos tienen intereses y habilidades particulares que ellas no, o que hay una única forma de ser científico, podrían pensar que no pertenecen a ese mundo. si las niñas creen que los científicos tienen intereses y habilidades particulares que ellas no, o que hay una única forma de ser científico, podrían pensar que no pertenecen a ese mundo.

 

Ese frío y jerarquizado mundo científico parece alejar a las niñas y adultas de sus entornos. “Las carreras de ciencias están diseñadas para los hombres y eso es un problema para todos los campos de conocimiento, solo que en la computación para solucionar los problemas del futuro se requiere diversidad de pensamiento y de visiones y la estamos perdiendo”, dice la astrónoma y científica de datos graduada de la Universidad de Antioquia Xibelly Mosquera Escobar.

 

Cifras internacionales y algunas recientes de Colombia reflejan que hay más presencia masculina específicamente en cuanto a ciencia, ingeniería, matemáticas y tecnología. Sólo el 30 % de las investigadoras del país son mujeres, de acuerdo con información del Observatorio de Ciencia y Tecnología de Colombia.

 

Las mujeres ingresaron a los claustros hace poco, debido a las barreras aparentemente invisibles que aún persisten. En Colombia todo comenzó con el ingreso de Paulina Beregoff en 1925 a estudiar medicina en la Universidad de Cartagena, siendo entre otras, la primera docente mujer de la misma institución. Y con el de Gerda Westendorp Restrepo a la misma carrera en la Universidad Nacional de Colombia en 1935.

 

Cien años después seguimos relegadas. En Antioquia, según datos compilados por el Observatorio de Mujeres y Género de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia, los años educativos logrados en promedio por mujeres de zonas urbanas es de 9 años y en mujeres rurales es de 6 años.

 

¿Quién es esa niña resolviendo problemas?

 

Desde pequeñas se viven las consecuencias de los estereotipos. En 2017 Microsoft comisionó un estudio a 11.500 niñas en Europa para entender mejor el proceso que influye en la elección de su carrera. Descubrió que a los 11 muchas niñas están interesadas en la ciencia y la tecnología. Pero a partir de los 15, el interés decrece y ya no se recupera.

 

Sólo hasta el año de 1981 en el marco del programa de las Naciones Unidas titulado “Science and Technology, and Women”, Estados Unidos y Canadá comenzaron a recopilar estadísticas desagregadas por sexo.

 

Así que, hoy, en Colombia lo que apenas sabemos es que en áreas profesionales como ciencias, ingeniería, arquitectura, urbanismo y afines, las mujeres tienen menos del 40% de participación. “Esta situación específicamente estaría relacionada con los prejuicios culturales y estereotipos negativos sobre el género en relación a las capacidades y aptitudes de las mujeres para desenvolverse en estas áreas o campos de estudio que quizás tienen un nivel de exigencia mayor con relación a otras carreras”, sugiere Oscar Andrés Migliazzo en la publicación: ¿Por qué las mujeres no estudian Ingeniería?

 

 

 

 

 

Una de las particularidades de este contexto es que la primera persona que fue quien ahora llamaríamos un programador, fue una mujer: Lady Ada Lovelace. Ella era matemática, algo raro para 1833. Pero hoy la estructura jerárquica de la ciencia arrastra historias que aún reproducen la idea de que los hombres son más aptos para los números y la experimentación. Los ejemplos paradigmáticos como el de Lovelace o las historias ocultas como la de Christine Darde, una de las científicas negras que ayudó a ir a los estadounidenses a la Luna, se califican de raros, pero esos rostros son solo la punta del iceberg de las mujeres en la historia de las ciencias.

Desde el sufragio universal las mujeres han ganado varios derechos. Pero vistos como un mundo globalizado, tenemos muchos retos por delante. Y hay una gran preocupación por la falta de mujeres en áreas como las matemáticas o la computación. El profesor de informática de la Universidad de Antioquia, Freddy Duitama Muñoz, reconoce que un peligro inminente de los estereotipos de género que alejan a las mujeres de la computación, puede ser la dictadura del algoritmo. Ya otras áreas de conocimiento como en la elaboración de medicamentos en la que no se han incluido mujeres en sus muestreos, evidencia cómo se puede sesgar la información y las decisiones que se toman basada en ella, debido a que solo un grupo poblacional piensa en la solución del problema.

De hecho, ya un algoritmo de inteligencia artificial (IA) aprendió a asociar mujeres con imágenes de cocinas, basado en decenas de miles de fotografías de internet, porque aparecen más mujeres que hombres fotografiadas en cocinas en la web.

Cuando en la publicidad, cultura y familias no hay referentes de mujeres científicas o ejerciendo profesiones que se le han adjudicado histórica y exclusivamente a los hombres, las niñas sienten que no tienen un lugar en el mundo diferente a los que se les ha asignado debido a los estereotipos de género. Revisar estos estereotipos, cuestionarlos y cambiar los referentes, significa decirles que pueden elegir, e incluso, crear un espacio habitable de forma segura. Hay mujeres que ya empezaron a habitar la ciencia y la tecnología. Las respuestas de las audiencias de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia en Twitter a esta publicación ofrecen varios ejemplos: Ángela Restrepo Moreno, brigitte luis guillermo baptiste, Nubia Amparo Muñoz, Mónica Villa, Yennifer Angarita, Andrea Guzmán Mesa, Valentina Abril Melgarejo, Lauren Flor-Torres, Maria Laura Pérez, Mariana Correa, Luz María Martínez, Alexandra de Castro, Ana Caroli, Luz Ángela García, Yoseline López, Ana María Agudelo, Xiomara Quintero...

 

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Una historia para paralela: la pasión que inspira

Hay libros que han electrizado a muchas generaciones de niñas. Uno de ellos es Madame Curie: una biografía, escrita por su hija Eve Curie.

Solo que esta científica polaca, la primera persona en recibir dos premios Nobel en distintas especialidades —Física y Química—, no solo ha contagiado a otras científicas.

Su historia también fue atractiva para intelectuales como Susan Sontag. Según cuentan Carl Rollyson y Lisa Paddocks en su libro Susan Sontag: The Making Of An Icon, aunque la ensayista, filósofa y directora de cine norteamericana encontró asidero en autores como Edgar Allan Poe y Richard Halliburton, “lo que no pudieron darle a Susan fue un sentido de vida, un concepto importante para una niña que se consideraba a sí misma por su cuenta y que había llegado a considerarse a sí misma como su propia autoridad”.

Cuentan que no se trata sólo de que Sontag quisiera ser como Marie Curie, o de que construyera un laboratorio de química en el patio trasero, o de que decidiera que intentaría combinar las carreras de escritora y médico como Chéjov. Imaginarse a sí misma encontrando curas, descubriendo un nuevo elemento como el radio que se utilizaría para tratar enfermedades, no era una exageración para Susan. Más importante es la evocación que hace Eve, la hija de Marie Curie, de una carrera desinteresada, tan desinteresada que Marie no la consideraba una carrera sino una vocación.

Susan se esforzaba por emular El ideal de Curie, la científica que se paraba laboriosamente sobre calderas calientes y pesadas para refinar el mineral y hacer su descubrimiento ganador del Premio Nobel. Cuando Sontag hablaba más tarde de su escritura, lo hacía en términos de trabajo agonizante, de concentración sólo en el trabajo en sí mismo -no en los honores que pudiera recibir, ni en la maquinaria de autopromoción que podría haber patentado- y reaccionaba con hostilidad a cualquier sugerencia vulgar de arribismo.


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